El aspecto más interesante del trabajo de Monika Sonsowska (Ryki, Polonia, 1972) es el reto cognitivo al que los espectadores se enfrentan cuando experimentan sus instalaciones.
Partamos de una idea: el mundo contemporáneo es uno de lógica espacial. Vivimos en un mundo determinado a tal extremo por disciplinas como la arquitectura o el diseño que a veces olvidamos que ésta lógica es artificial. En nuestra vida cotidiana dejamos de notar los ángulos agudos, las cuadrículas, las circunferencias perfectas y las reglas y compases con que nuestros espacios han sido diseñados.
Lo que más me intriga acerca del trabajo de Sonoswska es que a diferencia de propuestas como la anarquitectura, en que la lógica es desechada mediante planteamientos hostiles, Sonsowska no destruye sino que envenena la lógica espacial.
Las instalaciones de Sosnowska, que suelen ser site-specific, se insertan en espacios convencionales para cuestionar la validez de su propuesta racional.
Volvamos al punto de partida: el reto cognitivo. Los espectadores (¿o experimentadores?) de éstas instalaciones son confrontados con espacios al borde del colapso. La racionalidad es puesta en tela de juicio y mientras experimenta la instalación, el espectador es acechado por una amenaza que no logra identificar: el cuestionamiento de Sonsowska lo empuja al borde de la catársis. Como ese diminuto lapso en que no sabemos si alcanzaremos a estornudar, el espectador presiente que la lógica que sustenta su realidad espacial está por derrumbarse a su alrededor.

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